El pasado viernes se realizó a lo largo de todo el día la muestra de talleres de Casa de Porras correspondiente al módulo III del curso 2025-26, la última que tendrá lugar en el Palacio del Almirante.
Y empezamos con los agradecimientos, ya que somos biennacidos.
Muchas gracias a toda la gente que asiste a la muestra como público diverso, entregado y respetuoso. Conseguís un ambiente mágico.
Muchas gracias a las 1.470 personas que han participado en los talleres impartidos de abril a junio y a las 4.558 personas que han compartido con nosotras este curso.
Muchas gracias a los talleres que participan en la muestra (docentes y alumnos) por su esfuerzo para visualizar esta iniciativa cultural. Patronaje Histórico y Escénico, Agua y color, Ilustración, Cerámica, Renacer textil, Cianotipia, Cuero, Renacer textil, Cestería, Libro arte, Grabado, Pintura acrílica y oleo, Dibujo, Estampación en seda y Batik, El gozo de escribir, Clown, Danza oriental, Narración creativa, Danza contemporánea, Lengua de signos, Danza teatro, Mindfulness y Yoga, Baile y flamenco, Impro y Teatro. De corazón agradecidísimos por vuestro talento y generosidad.
Muchas gracias a la dirección de La Madraza, entidad cultural de la UGR a la que pertenecemos, por apostar incondicionalmente por este proyecto.
Muchas gracias a este edificio que ha albergado esta iniciativa desde el 2020, por el que han podido pasar 20.000 personas para buscar, reivindicar o reafirmar un pedacito de su "ikigai", de su propósito en la vida. Un traje a la medida: amplio, acogedor, albaicinero, abierto, ordenado, anárquico y luminoso. Ha sido nuestra casa.
Y aquí se nos acaban los agradecimientos.
El Ayuntamiento de Granada se queda sin ellos. Quienes ignoran o ningunean esta iniciativa cultural única, se quedan si ellos. Quienes no apuestan por la habitabilidad del Albaicín, la diversidad o las vivencias intergeneracionales, se quedan sin ellos.
Hemos disfrutado de este espacio por última vez y no podemos más que sentirnos afortunados. Pero si el Palacio pudiera hablar, sin duda estaría muy orgulloso del uso vital que hemos hecho de él. Nos va a echar de menos. Y esperamos que el perro del hortelano no se orine en su puerta.

























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