jueves, 29 de octubre de 2026

Huerto en la Vega (2). Setas, suelo y diseño del huerto.

Una mañana muy calurosa casi de noviembre en la que este equipazo se lo curra a tope. Hoy vemos un pájaro veguero de gran belleza, la abubilla común (Upupa epops). Y la Vega viste de otoño con los ajos tempranos, las esparragueras y el maíz.

Comenzamos en el terreno donde tenemos los frutales diseñando el huerto. Tiene una orientación hacia el sur y las líneas de plantación y siembra las orientaremos e dirección norte-sur. Con estacas y cuerdas definimos seis sectores de plantación un pasillo central y dos laterales. En cinco sectores plantaremos en caballones y en uno en dos bancales. 

Con las azadas definimos todos los espacios y hacemos los bancales. A estos últimos les aportamos la capa superficial del suelo de los caminos para darles altura. 

Luego los abonamos con estiércol de oveja y los acolchamos con paja para proteger el suelo de la insolación y dificultar la aparición de plantas adventicias. Un magnífico y eficaz trabajo. 

Otra labor que realizamos bajo nuestra pérgola es picar la paja de trigo que emplearemos en el cultivo de las setas. 

Además recogemos nueces de un frondoso nogal (Jugalns regia) que repartiremos entre todas y todos. 

Nos vamos al aula rural donde damos unas nociones básicas sobre ese suelo en el que hemos trabajado. Es fundamental conocer cuatro cosas sobre el soporte de los ecosistemas y los agrosistemas. 

El suelo es la capa superficial de la corteza terrestre en la que viven numerosos organismos y se cierran muchos ciclos. Es una estructura de vital importancia para el desarrollo de la vida. El suelo sirve de soporte a las plantas y le proporciona los elementos nutritivos necesarios para su desarrollo. Pero su importancia trasciende de su relevancia en la productividad de nuestra huerta. Pero el suelo es el gran olvidado, la cenicienta del medio ambiente, el patito feo. Debemos cuidar el escaso suelo fértil de la manzana Tierra.

Y damos las claves para entender que es un hongo, la hifa, el micelio y la seta o carpóforo. Mientras estamos de turra, la paja troceada se está esterilizando durante 1 hora en agua a unos 80ºC.

Una vez troceada, esterilizada, lavada, enfriada y escurrida comenzamos con el cultivo de la seta de paca, el Pleurotus ostreatus. Es una seta saprófita comestible, una de las tres más cultivadas a nivel mundial. Su nombre responde al pie desplazado y a la forma de ostra del sombrerillo. 

Primero seleccionamos paja seca de cereales, limpia y sin residuos químicos. Preparamos las bolsas con capas alternadas de paja e inoculante (micelio comprado). Usamos guantes. Usamos bolsas negras de basura.  Esto mantendrá la humedad del sustrato y evitará la exposición a la luz. La proporción debe ser un 5 -10% de micelio respecto la paja en peso. El material debe estar bien prensado. Con un punzón agujereamos las bolsas. Nuestras pacas contienen unos 250 gr de paja y unos 20 gr de micelio. 

Una vez hecha la mezcla necesitamos que el micelio se desarrolle e invada el sustrato antes de entrar en fase de producción. Lo mantendremos en la oscuridad a 24-27ºC con un 80-90% de humedad. Deberá permanecer así durante el proceso de incubación durante unos 25 - 30 días.

Además nos da tiempo de recoger albahaca, berenjenas, pimientos picantes y membrillos. Y anotamos que los ajos tempranos, una semana tras ser sembrados, ya están apuntando fuera del caballón. 

miércoles, 28 de octubre de 2026

El Cerro del Castillejo.

Datos de la ruta:



Video del recorrido:

Breve descripción:

Desde Güéjar bajamos a la Central Eléctrica por el Camino del Castañar. Cruzamos el puente y comenzamos el ascenso subiendo por una carretera asfaltada. nos incorporamos al carril que parte a nuestra derecha. La carretera esta destrozada por el desplazamiento del talud en las lluvias de la primavera pasada. 

Continuamos por la vereda que pronto asciende hacia el Cortijo de los Julianes donde nos detenemos a coger algunas nueces. Aquí es donde se inicia propiamente la ruta hacia el Castillejo que nos conduce, por una respetable pendiente, hasta colocarnos en el Barranco del Castillejo. 

Conforme caminamos nos vamos aproximando al arroyo que baja por el barranco. Tras dejar atrás varios grandes pinos caídos llegamos a una refrescante fuente; es la llamada Fuente del Tío Perrancano. 

Cruzamos al otro lado, atravesando el arroyo, y continuamos en ascenso para dirigirnos hacia el Cerro del Castillo, al que debemos de atacar por su lateral derecho conforme miramos hacia Güéjar Sierra y al imponente Calar, que tenemos justo enfrente.  

Llegamos a un collado donde encontramos una era de trillar y un cruce de veredas: la de la derecha nos eleva en un último impulso hasta los restos del Castillejo y al Mirador en donde se encuentra enclavada una vieja cruz de madera.

El Castillo de Linza, también conocido como el Castillejo, es una antigua fortaleza medieval situada a 1.250 metros de altitud. Según las leyendas, su origen se remonta a la época romana, aunque tuvo su máximo esplendor y desarrollo en el periodo islámico (documentado desde el siglo XI). Sirvió como bastión defensivo de la alquería de Güéjar y refugio durante la sublevación mudéjar a principios del siglo XVI.

Regresamos por las mismas veredas. Esta ruta forma parte de otra más amplia conocida como “El paso de los viajeros románticos” ya que estas veredas se vinculan con ilustres escritores y prestigiosos botánicos como Simón de Rojas Clemente y Charles Edmon Bossier durante los siglos XVIII y XIX.