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sábado, 4 de mayo de 2019

Cien Pasos en la Sierra de la Yedra

Esta vereda es de gran belleza, adentrándose en la umbría de la Sierra de la Yedra, en el valle labrado por el Río Bermejo. Es una ruta circular que parte de Nivar y pasa por el Cortijo Carialfaquir.


Este pueblo se encuentra enclavado en el Parque Natural de Sierra de Huétor, en una zona de media montaña conocida como Sierra de la Yedra, nombre del que deben ser responsables las numerosas hiedras que tapizan cortezas y rocas en busca del cielo.

El paisaje y el entorno natural de este municipio se caracteriza por sus bosques de pinos, quejigos y encinas, acompañados de un matorral muy diverso. La exuberancia vegetal es la consecuencia de los numerosos nacimientos de agua. Tras el 3 de mayo, nosotros no buscamos las flores en ninguna cruz por santa que sea, sino en la biodiversidad primaveral del bosque mediterráneo.


El casco urbano de Nívar se levanta a 1.055 metros de altitud, sobre una colina con vistas panorámicas hacia el Peñón de la Mata.


Comenzamos, a unos 1.125 m de altitud aproximadamente, en la carretera que transcurre entre Nívar y Alfacar (GR3101). Tomamos una vereda que sale frente a la Urbanización Residencial Alfaguara y que transcurre hacia el NE. Podremos divisar buenas vistas del pueblo de Cogollos Vega, del Tajo, del Cerro del Cuco y de su majestuoso Peñón de la Mata.


Después de atravesar varios barrancos llegamos al punto más alto de la ruta a unos 1.350 m de altitud en la zona de Los Torcales y con unos 4,8 km recorridos. El resto del recorrido es de descenso, más pronunciado en el primer kilómetro y muy suave en los restantes.


La vereda se acaba donde se juntan el Barranco de la Alfaguara con la Acequia de Fardes. Aquí tomaremos el camino que a la derecha nos lleva a pocos metros al Cortijo Carialfaquir.


Reemprendemos la marcha regresando hasta la acequia del Fardes y la seguimos buscando el Oeste. El río Bermejo nos acompaña a la derecha. La pista forestal es muy cómoda de caminar. Llegamos hasta un cruce de caminos, tomando el de la izquierda que nos conduciría de nuevo a Nivar. Pasos ligeros y conversaciones divertidas.

sábado, 16 de marzo de 2019

El los Altos del Majalijar


La maravillosa subida a los Altos de Majalijar supone el ascenso al punto más elevado de la Sierra de Huétor (1878 m). Se trata de una cuerda compuesta por varios picos entre los 1700 y 1800 m, cuya cumbre nos proporcionará una vista completa de la Sierra de Huétor y Sierra Nevada al fondo. Esta ruta nos llevará a través de diferentes paisajes, ofreciendo unas bellas panorámicas del Parque Natural de la Sierra de Huétor y de otros espacios naturales cercanos.

Durante el recorrido veremos espinos albares, majoletos o majuelos de gran porte. La palabra "majuelo" posiblemente tenga algo que ver con origen del topónimo de este Alto, donde abundan los majuelos. Según parece lo llamaron "majuelijar". Otra de las versiones, posiblemente venga de unir Majada (lugar donde se recoge el ganado) y Lillar (sitio donde hay muchas piedras). Tal vez por esto los pastores lo nombraron como “Majada de las Piedras”


Para llegar hasta dicho punto hay que dirigirse a Fuente Grande, en la localidad granadina de Alfacar. Tomamos una carretera algo sinuosa que atraviesa la famosa escuela de escalada de la Alfaguara. Ignoramos el desvío a la derecha marcado como Campamento y Área Recreativa La Alfaguara y seguimos recto, en dirección Fuente La Teja.

En este punto la carretera se convierte en pista forestal, en buen estado, y unos kilómetros más adelante llegamos al punto de partida de nuestra ruta. Dejamos los coches junto a una cadena que corta el paso hacia el Cortijo de las Minas.


Empezamos la ruta bajando unos cien metros por la pista de tierra; un hito de madera a nuestra izquierda nos indica el desvío para adentrarnos en la senda. Inmediatamente cruzamos la antigua acequia del Fardes en su trayecto desde Prado Negro a Cogollos Vega. Subimos pegados al Barranco de la Linde, dejando el Barranco de la Zorra y el Cerro del Tamboril a la izquierda.

Justo antes de llegar al cortijo, hoy día en ruinas, pero que antaño sirvió de refugio a familias que trabajaban en estas sierras como guardas y pastores, abandonamos la pista y tomamos un sendero a la izquierda que nos conducirá ascendiendo entre pinares de repoblación, aulagas y romeros hasta el Collado de Linillos. Desde este lugar observamos la Cuerda de la Gallega al frente y el peñón de la Mata a nuestra izquierda, que divide los valles de los ríos Blanco y Bermejo.


Tras atravesar el Barranco de la Linde comenzamos a ascender pegados a la vera de un pinar, dejando el Peñón de la Mata y el Jorobado a la izquierda. A la altura de unos majoletos, giramos a la derecha siguiendo la indicación blanca y amarilla de una piedra. Vamos alcanzando altura, dejando los pinos silvestres atrás y comenzando a caminar entre el matorral en almohadilla característico de las cumbres. Ya sean aulagas, piornos o agracejos, todos pinchan a los intrépidos senderistas.


Siempre ascendiendo y siguiendo la leve vereda acentuada por montones de piedras a los que se encomiendan los guías agradecidos, llegaremos a una bifurcación. La tomamos a la derecha, que por la de la izquierda retornaremos, ya que superaremos la Dolina por la solana.


Un poco más adelante encontramos un indicador. Seguimos la vereda hacia la Cueva de las Palomas que se encuentra a unos 300 metros. Es una gigantesca oquedad en la que entramos con el corazón un tanto sobresaltado. Su perfil es el marco perfecto para contemplar la línea de tres miles de Sierra Nevada. Nos sobrevuelan los aviones comunes y alguna chova piquirroja que anidan en la cueva.


Retornamos por nuestros pasos hasta llegar de nuevo al indicador. Pero ahora seguimos la dirección de la Dolina. El ascenso es duro, en muchas ocasiones con una vereda casi inexistente. Los gamones, los crocus y alguna peonía temprana anuncian la primavera.


Subimos hasta alcanzar el primer alto de la Cuerda de la Gallega. Toda la línea de cumbres está cubierta de simas y dolinas, lo que convierte esta ruta en un auténtico disfrute para nuestros sentidos. La belleza la encontramos en nuestro entorno inmediato como en los distintos planos del horizonte.


Continuamos con el ascenso cresteando por la cuerda de La Gallega que nos conducirá, tras pasar las tres cumbres principales, a coronar el Majalijar. Desde el pequeño espacio de la cima se nos ofrecen unas magníficas panorámicas.

Tras disfrutar de un descanso en la cumbre, iniciaremos el camino de regreso.


Desandamos nuestros pasos hasta llegar a la Dolina, pero ahora la bordearemos por su otra cara, por su umbría. Un pronunciado descenso entre majoletos nos llevará a unos parados desde los cuales accedemos a un collado donde encontramos una gran espiral de piedras. Allí nos esperan unos caballos que le dan al lugar un aire enigmático.


Desde esta espiral tomamos una vereda en descenso a la izquierda que nos conducirá hasta la primera bifurcación que encontramos en nuestro ascenso. Seguimos bajando hasta llegar de nuevo al Cortijo de Linillos.

sábado, 9 de marzo de 2019

Cien Pasos en las acequias del Dilar


La ruta de hoy transcurre por las tierras de Dilar, en la vertiente oeste del Parque Natural de Sierra Nevada, a 878 metros de altitud. El recorrido circular nos lo marcarán dos de sus acequias, la Alta y la Baja. Nos alegra contar de nuevo con nuestra joven senderista Carmen y con Lena, venida de la lejana Irlanda.


En este precioso paseo de baja dificultad, contemplamos el contraste de la ribera del río Dílar con su bosque de galería de álamos, sauces y fresnos, y los campos de olivos y viñas que alternan con pinos y encinas en el pie de monte.


Comenzamos a caminar por la calle del Agua dejando a la izquierda la Parroquia de Santa María Concepción (XVII). Nos dirigimos hacia la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves por la Avenida Emilio Muñoz, pasando junto al Castillo del Marqués, actual Casería de San Pedro.


Este palacio fue construido sobre un antiguo castillo medieval que se encontraba en el municipio. En la leyenda de la placa ubicada en una de sus esquinas se cuenta que este castillo fue tomado por el primer marqués de Dílar a los árabes el 24 de octubre de 1491.


Antes de llegar a la Ermita nos desviamos a la izquierda, pasando junto al Hotel Zerbinetta (jineta en italiano). Desde aquí arranca un bonito camino que discurre junto a la Acequia Alta del Dilar. La seguiremos hasta llegar al Barranco de Poca Leña junto al Aula de la Naturaleza de Ermita Vieja.


Por el camino nos vamos encontrando con distintos miradores: La Hoya, Bizcandia, El Encinar, Las Bocas del Río y del Toril. Además, pasamos junto a una casa rural que coge el nombre del cortijo de la Encina cuyas ruinas nos hablan de otros tiempos.

Siempre acompañados del sonido del agua y con el privilegio de los almendros en flor, atravesamos tierras de labor y saltamos barranqueras por pequeños puentes. Llegamos así al Barranco de Poca Leña junto al que se encuentra el Aula de la Naturaleza de Ermita Vieja.


Nos dirigimos ahora a la preciosa Cueva del Saúco. Para ello tomamos una vereda ascendente que, entre aulagas, romeros y otros matorrales mediterráneos se adentra en el Barranco de la Cueva del Saúco.  Llegamos a esta oquedad tapizada de musgos y adornada con hiedras.


Después de disfrutar de este bello lugar, bajamos al Área recreativa del Dilar. Junto a este río de aguas procedentes del deshielo, tomamos un refrigerio.

Antes de regresar caminamos hasta la Central Eléctrica del Dilar. Si alzamos la vista, podemos ver la Boca de la Pescá y la caseta que marca el final del Canal de la Espartera, desde donde se precipitan, por una empinada tubería, sus aguas hasta la central.


Regresamos por el Camino de la Fábrica hasta una chopera donde cruzamos el Dilar para acercarnos a la Acequia Baja. La seguimos hasta llegar a la carretera. La cruzamos y seguimos la indicación Camino Bajo paraje del Castillo que transcurre siguiendo el trazado de la Acequia Baja.


Lo seguimos hasta llegar a la Plaza Mirador de la Sierra.

sábado, 16 de febrero de 2019

La Acequia Real y el Valle del Oro.


Esta ruta transcurre por el entorno del Cerro del Sol, por su umbría que mira al Darro y su solana que se enfrenta al Genil. Su mayor encanto es que, saliendo y llegando a pie a Granada, podemos disfrutar de magníficos y contrastados paisajes. Y nos permite contemplar una imagen atemporal de nuestra ciudad.


Partimos de Plaza Nueva, en sentido contrario a las aguas del Darro por el Paseo de los Tristes. Tras cruzar el puente del Rey Chico nos encaminamos hacia la Fuente del Avellano.


Antes de llegar a ella y tras dejar a la derecha la vereda que luego tomaremos, nos encontramos con el célebre Tajo del Pollero. Y un poco más adelante nos detenemos en la Fuente del Avellano, donde recordamos a los aguadores y a Angel Ganivet y su cofradía de literatos.


Regresamos hasta tomar a la izquierda una vereda recientemente mejorada . Rodeados de durillos con sus rojos frutos y sus flores blancas, ascendemos hasta llegar a extramuros del Generalife, donde nos encontramos la Acequia Real.

La seguimos pasando por una sonora caída de agua. Numerosos sapos corredores copulan con tranquilidad en la acequia.


Al llegar a una bifurcación marcada por un pino, ascendemos hasta alcanzar la vereda de en medio de la acequia Real. Si miramos atrás, disfrutamos de las vistas del Albaicín, el Sacromonte y la Abadía; al frente Valparaiso. Caminamos por la umbría entre numerosas encinas, coscojas y lentiscos. Al otro lado del Darro, contrasta la árida y erosionada solana.

Al llegar a una nueva bifurcación tomamos el carril central. Un poco más adelante tomamos la vereda a la derecha que nos llevara en moderado pero continuo ascenso hasta el Llano de la Perdiz, pasando antes por la vereda alta de la Acequia Real.


Tras un breve descanso, nos dirigimos hacia la pista que nos conduciría a Los Arquillos, pero nos desviamos a la derecha trazando un semicírculo por el Cerro del Sol. Este rincón de la Dehesa del Generalife atesora un rico plantel vegetal representativo del mediterráneo, donde destacan encinas, coscojas, quejigos, jaras, jaguarzos, aulagas y enebros.


Pasamos por el mirador del Genil donde hay unas piedras por todos los senderistas conocidas. Al llegar a un antiguo murete, continuamos ahora mirando al valle del Genil. Pronto nos topamos con una senda a la izquierda que, en descenso, nos lleva a la Vereda de los Franceses.


Seguimos esta vereda que nos irá introduciendo en el erosionado Valle del Oro. Sus tajos, agujeros y antiguas construcciones nos hacen viajar a la fiebre del oro granadina del siglo XIX.

Llegamos a la Ermita de Fátima en Lancha de Cenes por el Camino de los Filtros. Ya solo resta bajar hasta el Genil junto a un ramal de la Acequia Gorda y continuar por el conocido Camino de la Bicha hasta Puente Verde.

sábado, 9 de febrero de 2019

Cien Pasos en Lojuela.


Realizamos una ruta rural por el Valle de Lecrín, el "valle de la alegría", en la que podemos llegar hasta las ruinas del Castillo de Murchas o de Lojuela, disfrutar de una vega naranja y amarilla y retroceder millones de años al encontrarnos con fósiles del pasado marino de este valle.


El recorrido comienza en  Nigüelas, situado a 931 de altura sobre el nivel del mar. Bajamos hasta el Río Torrente por el camino de la Pava, en sentido contrario del agua que circula por esta acequia equilibrista. Delante, hace de liebre una señora nigüeleña con una bolsa de papel en la mano con la botella de agua y el móvil.


Recorremos el trazado de este río que lleva el agua de deshielo de la sierra. Pasamos bajo un gran puente de piedra caliza y seguimos el camino que conduce a Murchas, serpenteando entre almendros, cerezos, olivos y naranjos. Pasamos junto a una fábrica de ladrillos situada en la confluencia del Barranco del Pleito con el río Torrente.


El sendero nos guía al pueblo de Murchas. Allí nos detenemos unos minutos en un mirador hacia el  pueblo de Talará y a la Ermita del Santo Cristo que destaca en la loma de enfrente. A nuestros pies, en suave caída, el campo está tapizado de naranjos; como telón de fondo Sierra Nevada.


Abandonamos la población de Murchas, situada a 662 metros de altitud, por unas calles estrechas cercanas a la iglesia y tomaremos una vereda de unos 2 km. que nos conduce hasta un castillo de época Califal el Castillo de Lojuela.


Regresamos por otras veredas, pasando por un olivar donde encontramos fósiles de corales y bivalvos. Desde Murchas, tomamos un camino que lleva a Melegís a través de un vergel de naranjos y limoneros.  La distancia entre ambas poblaciones es de unos 2 km.


Unos se llevan alguna naranja, algún limón o algún fósil. Pero hay quien prefiere como recuerdo una ranita espachurrada y seca.

En Melegís nos detenemos en su precioso lavadero.


Gracias a Laura por compartir su mañana de sábado con nosotros.