domingo, 31 de mayo de 2009

La rebelión de las escobas.


La semana del 18 al 22 de Mayo hemos participado, por tercer año consecutivo en Juveloja, una feria del ocio para infantes y jovenes. A través de distintos talleres hemos creado arte a partir de la basura.

En aquella ciudad el éxito se mide, más que por las cosas que cada día se fabrican, venden o compran, por las cosas que cada día se tiran para ceder su lugar a las nuevas. En aquella ciudad, tan próxima y lejana a la vez, los utensilios de limpieza se han rebelado. Su trabajo es inútil. La escoba no barrerá más, la fregona dejará de arrastrarse por el suelo, el recogedor ignorará cualquier montoncito de porquerías, el contenedor no abrirá la boca y el plumero pasará de polvos y pelusas. Y así seguirán hasta que se haga arte de la basura.

Puentes


Tender puentes. Esta es la labor compleja y apasionante del buen maestro. Puentes para vadear la corriente de la incultura, la intransigencia, el egocentrismo y la desmotivación. Puentes que unan la necesidad de aprender con la curiosidad por abrir los ojos al mundo, la escuela con la realidad del barrio, los pupitres con las familias,... Puentes por donde cada alumno camine a su ritmo consciente de su propio esfuerzo, pero construidos para facilitar el paso a los que son presa de sus vértigos.

Es nuestro homenaje a Tomás, un buen maestro.

domingo, 24 de mayo de 2009

Sonreid y saludad


Este fin de semana hemos participado en la Fiesta de la Primavera de Los Ogijares, uno de los municipios donde tenemos la suerte de trabajar y donde este verano, por segundo año consecutivo, realizaremos una divertida escuela de verano.

Aprovecchamos para desear a todos nuestros clientes, sobre todo a los alérgicos, una feliz primavera. Pronto llegara el verano, para mayor gloria de todos aquellos que redoblamos nuestros esfuerzos bajo el sol estival. Tras la máscara blanca propia del lado oscuro de la fuerza, que evita que el polen confunda vuestra nariz con un sensual pistilo, sonreid y saludad.

domingo, 17 de mayo de 2009

Leyre




La ilusión se hizo latido y el latido un garbancito en su interior, poco a poco el garbancito tuvo dedos, labios, ojos, corazón. La inquietud golpeaba el nido, culebrillas en el vientre de mama y la resta de los días fue sumando vida contra la ansiedad. La ilusión cumplio sus cuentas, del latido a la caricia del dolor, la mirada que despierta guarda en su inocencia todo lo que sois.
Pedro Guerra

En el decimo aniversario de Ciempies, este es el mejor presente que podría recibir. Leyre, la alegría es más grande al poder susurrarte que llegas a este mundo en las mejores manos. Enhorabuena mama, enhorabuena papa. Que palabras tan íntimas, tan grandes, tan plenas ¿verdad?.

viernes, 10 de abril de 2009

Árboles


Cuidamos árboles que brotan y crecen a sorbos felices.
Pretendemos que unos echen raices profundas, con la poda dispondremos el rumbo de sus ramas y esperaremos sin sorpresa pero con impaciencia el fruto apetecido.

Con los ortos no pretendemos. Ojala no se anclen a nada en exceso; que las yemas a las que arrimamos nuestro corazón de jardineros, broten con fuerza y sean capaces de elegir sus propios horizontes. Y los frutos, que porten siempre la semilla de la felicidad.

La rata comprimida


Entre iluminancia (flujo luminoso que incide sobre la unidad de superficie) e impagable (que no se puede pagar, sumamente valioso), en mi diccionario aparece la palabra que busco: imaginación. Destaco dos de sus muchas acepciones: juicio de algo que no hay en la realidad y es una imagen formada por la fantasía - cualidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos.
Es indiscutible que, a pesar de no ser labor sencilla, los enamorados de la enseñanza debemos potenciar esta flujo luminoso sumamente valioso. La imaginación nos convierte en contadores de historias y en profesionales de excelencia. Es una mirada tan atenta que atraviesa el objeto al que se dirige y abre nuevas puertas; es una mirada tan ingeniosa que combina lo cotidiano para crear la novedad.

La rata comprimida.
Autor: Juan Elvira (11 años)
Basado en una de las muchas miradas atentas e ingeniosas de Marina y sus amigos (5 años).

En la guardería de mi hermana, en una caseta de madera color caoba y con un techo de plástico rugoso en forma de tejas, en un agujero de dos centímetros aproximadamente, vive una gigantesca rata gris de ojos rojos.
Algunos niños, al llegar a casa, les dijeron a sus padres: “Papá, mamá, en la caseta del cole hay un agujero muy grande donde vive una rata terrible”. Otro le dijo a su abuelo: “Abuelito, abuelito, hoy hemos visto una rata en un agujero que nos ha enseñado su hocico y sus ojos rojos y que le ha mordido la lengua a Pedro”. Pedro, al llegar llorando a su casa, dijo entre sollozos:”¡Buaaaaa! Una rata me ha mordido la lengua”.
Los padres, perplejos, se llamaron entre ellos y decidieron quedar frente a la puerta de la guardería. “¡Esto no puede ser!” “A mi hijo le ha mordido una rata” “Tenemos que hablar con los profesores”
En ese momento llegó el director para ver lo que ocurría.
- “¿Aquí que pasa?”, preguntó con una voz profunda y fuerte.
-“¡Creemos que hay una plaga de ratas!”, exclamó un padre muy seguro de si mismo.
- “Bueno, esperaremos un poco. No sabemos si es verdad”, dijo el director muy serio.
- “¡¿Esperar?!”, chilló una madre.“Hay una plaga de ratas y usted dice de esperar. ¡Hay que llamar al exterminador!
El director, para no buscarse problemas, llamó a Sanidad inmediatamente. Al día siguiente metió a los niños rápidamente en las clases mientras los exterminadores llegaban. Entraron en la caseta de madera con máscaras y apuntaron en todas direcciones con sus fumigadores. Algunos empezaron a refunfuñar y otros a reírse mientras observaban el agujero de no más de dos centímetros donde no cabría ni una termita.
Es increíble la imaginación que tienen los niños, hasta yo me preocupé cuando mi hermana dijo que había visto una rata. Al llegar a la guardería me dirigí a la caseta y al ver el agujero solté unas carcajadas y me vinieron a la cabeza las siguientes palabras: ”La rata comprimida”.

domingo, 5 de abril de 2009

Zapatilla perdida


Petrificada en mitad del río Monachil, al comienzo del valle de Los Cahorros, una zapatilla perdida. Aunque el gesto se arruga ante esta profanación del paisaje, es inevitable la sonrisa. ¿Habrá extraviado el ciempiés uno de sus muchos zapatos? Por que este bicho lleva mucho recorrido por las veredas de riberas, sierras y vegas del entorno de la Depresión de Granada. Y nunca camina solo; un cortejo de locos bajitos acompañan sus pasos.