Con los niños y niñas del CEIP Escultor cesar Molina de Churriana de la Vega estamos recorriendo su localidad y la vega que la rodea en busca del agua. La encontramos en el paisaje, en el patrimonio, en las labores pasadas y presentes, en las acequias y los cultivos que riegan.
Pasamos por el lavadero público. Era utilizado en otros tiempos por las mujeres de la localidad como lugar donde acudían a lavar la ropa. En su parte delantera, tenía una especie de depósitos que servían de abrevadero para los animales de los agricultores que iban a la vega de Churriana a trabajar. El agua que llegaba hasta este lavadero, procedía de la cercana localidad de Armilla desde una zona conocida como "El Chorrillo", que a su vez recogía el agua de una antigua acequia que venía desde la localidad de la Zubia y los Ogíjares. El agua conecta pueblos y gentes.
También entramos en los baños árabes de Churriana de la Vega que fueron construidos durante la dominación nazarí. Se calcula que se levantaron entre mediados del siglo XIII y el siglo XV. Son baños rurales muy sencillos, un hamman donde primaba fundamentalmente la funcionalidad, careciendo de elementos estéticos y o grandes salas.
Y cuando caminamos por la vega nos fijamos en el paisaje, los cultivos y las acequias, la maravillosa red que distribuye el milagro del agua por estas fértiles tierras.
Hacía mucho tiempo que no realizábamos esta divertida escenificación. De nuevo hicieron de las suyas el cazador de nubes, un científico apasionado por la meteorología y el duende del agua Cuentagotas, nuestro amigo Torpón.
Es un modo de concienciar a los más pequeños sobre la adquisición de hábitos para ahorrar y no ensuciar innecesariamente el agua, ese bien tan preciado.
Al atravesar un arco iris, el globo del Cazador de Nubes se ve interceptado por un duende en caída libre que resbalaba por ese tobogán de colores. El científico esta desconcertado y el duendecillo, que no tuvo tiempo de menguar, absolutamente desorientado.
Cuando Torpón el cuentagotas se va y recupera su minúsculo tamaño, el cazador de Nubes con la ayuda de las niñas y los niños, hace una serie de experiencias con agua y viento.
Tras el cuento, los participantes se hacen un divertido pompero.
El pasado sábado 17, en la Casa de la Cultura de Churriana de la Vega dinamizamos una fiesta infantil hasta la una de la noche. Mientras los papas y las mamás se relajaban un poco tras el día de los enamorados, los más pequeños disfrutaron de juegos, talleres, cine y una buena cena.
Avión de papel con mensajes secretos, atrapasueños, mural cooperativo con mucho amor y otros talleres de manualidades fueron espacios para la creatividad. Y muchos juegos y danzas para sentirnos de fiesta.
Gracias a esos monitores y monitoras que, ni en pijama, pierden su profesionalidad.
En una mañana soleada hemos disfrutado de una preciosa ruta por el entorno del Río Torrente, trazando una circular que parte de Nigüelas y pasa por el Castillo de Lojuela y la pequeña localidad de Acequias. Las acequias cantarinas nos acompañan durante toda la ruta.
El recorrido comienza en Nigüelas, situado a 931 de altura sobre el nivel del mar. Recostada al pie del cerro Zahor, es conocida como el "Balcón del valle de Lecrín". Es un lugar que guarda muchos tesoros: la falla de Nigüelas, la almazara más antigua de España, las casas nobiliarias o sus jardines románticos.
Pasamos por la Parroquia de San Juan Bautista. Continuamos por sus callejuelas estrechas y luminosas acompañados por el sonido del agua. Bajamos hasta el Río Torrente por el precioso camino de la Pavilla. Esta acequia esta delimitada por dos viejos partidores, el de la Pavilla y el que divide su caudal entre la localidad en la que nos encontramos y el ramal que lleva el agua a Acequias y Mondújar.
Desde este último distribuidor de aguas tomamos una senda a la derecha que, entre muros de piedra nos lleva hasta el río. Nos rodean bonitas huertas con algunos limoneros. Desembocamos a un curioso lugar donde si colocas una piedra del río tienes derecho a pedir un deseo.
Bajamos por la margen izquierda del Torrente pasando bajo un gran puente de piedra caliza por el que pasa la antigua carretera de Bailén - Motril. Llegamos a una fábrica de ladrillos situada en la confluencia del Barranco del Pleito con el río Torrente.
Seguimos el sendero que nos guía al pueblo de Murchas y nos remonta por una calle empinada hasta el lugar donde se encuentra una fuente de agua potable. En un mirador hacia el pueblo de Talará (ahora rebautizado Lecrín) y a la Ermita del Santo Cristo, nos detenemos para dar un trago de agua.
Abandonamos la población de Murchas, situada a 662 metros de altitud, por unas calles estrechas cercanas a la Iglesia dedicada a San Juan Evangelista. Es una reconstrucción casi idéntica de la original del Siglo XVII, la cual fue parcialmente destruida en el terremoto del 25 de diciembre de 1884.
Tomaremos una vereda de unos dos kilómetros que nos conduce hasta el Castillo de Murchas. En el camino disfrutamos de los almendros en flor, de los naranjos y los limoneros. Rosas, amarillos, naranjas y verdes. Y centenarios olivos de troncos retorcidos.
Llegamos al único castillo de la época Califal en el Valle de Lecrín. Denominado Castillo de Lojuela, hace mención a una población que se supone estaría en los entornos de la actual "Era de Lojuela". Allí se han encontrado restos de algunas casas y de su cementerio árabe.
Corona un pequeño cerro, que desciende casi verticalmente por uno de sus lados, sobre la margen izquierda del río Dúrcal. Se piensa que fue construido en el siglo XI. En su entorno hay un yacimiento prehistórico, donde se pueden encontrar abundantes restos cerámicos de época ibérica y romana. Es de planta poligonal, está formado por dos estructuras bien diferenciadas: una Torre y parte de una muralla.
El topónimo de Lojuela proviene del árabe, y puede significar laja o piedra plana que se usaba para cubrir los terrados de launa; son tejados planos de un característico color gris azulado resultante de la impermeabilización mediante una arcilla o tierra especial denominada launa. Los terraos son un elemento que confieren gran singularidad a la arquitectura alpujarreña.
La construcción de sus murallas se hace con tierra prensada y cal grasa, pero entre sus muros se pueden atestiguar bastantes restos de cerámica romana que una vez rota la empleaban en la amalgama prensada de los muros. Esto demuestra que cerca había habido restos de asentamientos romanos.
En vez de regresar a Murchas por los mismos caminos, nos desviamos para viajar en el tiempo. Nos detenemos en una ladera a recoger fósiles de corales y bivalvos.
Llegamos hasta la antigua fábrica de ladrillos del Barranco del Pleito. Ahora nos desviamos a la izquierda subiendo y atravesando la carretera. Tomamos a la derecha una vereda ascendente que nos conduce hasta Acequias; nos desviamos a la derecha para pasar junto al cementerio y seguir subiendo por un carril menos transitado. Las acequias hacen honor al nombre de la localidad.
Atravesamos el pequeño pueblo de Acequias, llegando hasta el Molino del Sevillano. Ya solo resta seguir una bonita senda que se dibuja junto al barranco del Torrente y que nos va bajando hasta llegar al río. Lo atravesamos y por el camino de la Cuesta del Río, entramos en Nigüelas.
Completamos así una ruta de 19 kilómetros y 490 metros de desnivel acumulado por el valle de Lecrín.
En los 25 años de funcionamiento de Ciempiés, la Vega de Granada ha sido una de nuestras prioridades, un entorno con el que tenemos estrechos lazos. Un espacio al que asomarnos.
Y siempre que la caminamos reivindicamos que otra Vega es posible, identificamos y denunciamos el deterioro que sufre por el desinterés y el olvido.
Basura en los entornos del camino.
Escombreras donde encuentran refugio colonias de conejos.
Carreteras que la hieren de muerte.
Caminos descuidados y sin indicaciones de su toponimia.
Cortijos abandonados.
Desidia de los agricultores que no cuidan su espacio de trabajo
Guerra contra los árboles de las veredas.
Acequias por donde corren los darros, las aguas residuales.
Laterales de las acequias donde se acumulan los residuos de su limpieza, repletos de toallitas higiénicas o con la muestra de que, en vez de retirarse, se queman allí mismo.
Patrimonio histórico y cultural olvidado.
Cauces de los ríos ignorados que pierden todo su potencial como entorno de socialización
Agradecemos al Colegio Virgen de Gracia que se acerque a vivenciar este entorno y a imaginar que otra Vega es posible.