
Una solitaria cruz que corona el Collado de Víznar da nombre a esta ruta al que han llegado nuestros supersenderistas que, además de caminar sin tregua, saben posar ante la cámara para inmortalizar sus hazañas.

"El viento esta amortajado a lo largo bajo cielo" FGL.



Una vez en Puerto Lobo, tras reponer energías a la vera de un desnudo nogal, tomamos la pista forestal de la Alfaguara. A nuestra derecha el valle del Darro y, en el cerro frontero, las Trincheras del Maullo. Tras varias curvas, llegamos a una senda que inicia una subida hacia la izquierda. Aquí encontramos una placa homenaje a un montañero. Ascendemos entre pinares por el Barranco de la Umbría, entre pinos laricios y silvestres y un diverso sotobosque de zarzas, enebros, coscojas ...
El frescor de la umbría permite que nos encontremos con un bosquecillo de pinsapos, abeto introducido por el hombre en esta sierra y que se desarrolla de modo natural en otras serranías andaluzas. La llegada al Collado de Víznar se agradece tras el esfuerzo realizado.



Tomamos una bonita senda que rodea el alto de la cruz y nos conduce hasta un observatorio forestal. Allí nos sentimos como águilas; las vistas son increíbles, Estamos a unos 1500 metros de altura. Al regreso, unos pocos valientes se dirigen a la cruz. La subida requiere una pequeña y corta escalada rodeando el torreón pétreo; merece la pena teniendo en cuenta las excepcionales vistas que encontramos en la cima, donde se yergue la Cruz que da nombre al sendero. Tras haber disfrutado la sensación de la altura en la Cruz, descendemos por el mismo camino hasta el Collado de Víznar. Tras esta visita nos espera un pronunciado descenso por la solana, a lo largo del cual la senda discurre bordeando un roquedo dolomítico. Llegamos a Puerto Lobo y nos dejamos caer hasta Viznar.

Troceamos el pollo y lo salpimentamos. En suficiente aceite de oliva se dora. Se retira el pollo y en este aceite, pero trasvasado a una cazuela, se pochan cuatro cebollas bien picaditas. Luego añadimos un canuto de canela, una cucharadita de nuez moscada y un buen vaso de vino blanco. Ponemos los trozos de pollo y dejamos que cueza hasta que esté en su punto.
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