

Abandonamos esta población por unos caminos rurales que nos conducirán hasta el Castillo de Lojuela. Por el camino nos comemos unas naranjas que nos saben a gloria y olemos la fragancia de los limones antes de meterlos en las mochilas. Con todos los sentidos despiertos llegamos a estas ruinas árabes donde hacemos un descanso para tomar la fruta y charlar un rato. Es un lugar lleno de encanto.
Desde allí deshacemos el camino de regreso a Niguelas. Al llegar nos refrescamos en una fuente y sentimos el desnivel en nuestras piernas (660 m.a. Murchas - 930 m.a. Niguelas).
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