

Comenzamos el recorrido en Albuñuelas, nombre cuyo origen significa "tierra de viñas". Nos situamos al Oeste del Valle de Lecrín, en la Sierra de las Albuñuelas. Al sur en el horizonte se recortan las sierras de Almijara y Los Guajares. Es un pueblo alargado en el que se distinguen tres barrios rodeados de verdes tajos y cultivos de frutales: el Alto, Bajo y la Lona. Entre sus estrechas calles nos asaltan imágenes pasadas de la alquería musulmana que fue, de los horrores de la rebelión morisca y del terremoto que asoló estas tierras en la navidad del 1884.


En Albuñuelas cogemos la vereda que nos lleva a Saleres. Desde el Barrio Alto bajamos hasta la Calle Mojón (en el Barrio Bajo), tomando un camino que tiene este mismo nombre. Disfrutamos de hermosas vistas de esta enorme y verde hondonada llena de la luz que precede al aguacero y de gran colorido por los numerosos árboles del río que contrastan con el azul del cielo y el blanco de la nieve acumulada en el Cerro del Caballo.


Llegamos a Saleres (560 metros de altitud), un pintoresco pueblo situado en la margen izquierda del Río Santo o de las Albuñuelas. Cruzaremos el río dejando a la derecha un antiguo molino. Desde allí nos dirigirnos hacia Restábal siguiendo una senda que llega a este pueblo tras pasar por el Barranco de las Arenas. Son muchas las naranjas que nos hemos ya comido y algunos limones aromatizan nuestros bolsillos.

Ya solo resta continuar durante un par de kilómetros hasta llegar a Melegís también por sendas rurales, llegando a esta localidad por un puente que salva el Río Torrente.

Calentamos un vaso de aceite de oliva con una cascara de limón o un pedazo de pan. Cuando esta dorado se añaden unos granos de matalauva y se retira del fuego. El aceite se mezcla con un vaso de vino blanco y con la harina que admita. La masa no debe pegarse en las manos. Vamos haciendo bolitas con la masa que las aplastamos con un vaso liso y le damos la forma típica de estos dulces. Se fríen con aceite a fuego fuerte y se añade azúcar y canela. También se pueden hacer melosos, es decir, sumergiéndolos en un almíbar de miel.
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