
Cuenta la historia que un viejo espantapájaros, que pasaba los días contemplando el maizal, tenía un sueño: volar y ver la ciudad. Aquellos niños, que en verano correteaban a su lado volando cometas de colores, contaban tantas cosas de aquel fascinante lugar. Y todo era tan diferente de estos campos que cambiaban con el lento ritmo de las estaciones. Pero volar, viajar hasta la ciudad, era una tarea imposible para un hombre de paja anclado al suelo...
En la foto Tere dinamiza con maestría el cuento.
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