Nuestra ruta comienzó en el Campo del Príncipe. Antes de salir, una senderista de manos privilegiadas nos estuvo enseñando sus ártisticos cuadros con flores secas que recoge en las veredas. Despertó la admiración de todos.
Pasando por la iglesia de San Cecilio, abandonamos el barrio de "los greñuos", dirigiendo nuestros pasos hasta el cementerio. Allí hicimos un quiebro al camposanto, que como dice Sabina, "el traje de madera que estrenaré no está ni siquiera plantado"; tomamos el llamado “camino primitivo” que nos condujo, entre pinos, hasta la “Vereda de los Franceses”
Pasamos dos pequeños puentes de piedra, antiguos acueductos de las barranqueras del Olivar, donde algunos senderistas vencen su vertigo.
Los romanos y los musulmanes ya buscaban oro en estos congromerados, moldeando el paisaje al emplear el sistema denominado "ruina montium" (llenaban galerías verticales y horizontales con agua a presión hasta que conseguían descarnar los cerros provocando su derrumbe; este material se filtraba posteriormente para obtener el oro).
Quedan numerosos restos de galerías y pozos, pero los más accesibles han desaparecido, ya que fueron cegados al final de la guerra civil para evitar que los maquis de la zona los utilizasen como refugio.
Bajamos hasta Lancha del Genil pasando por su iglesia dedicada a la Virgen de Fátima donde nos tomamos la fruta y algunos senderistas, de voces afinadas, cantaron unas salves a la Virgen, que por cierto, hoy celebra su día.
Desde allí nos dirigimos al Genil, llegando a la altura de la Presa Real de la que arranca la Acequia Gorda.
Y siguiendo el corredor verde llegamos al Barrio de la Bola de Oro en Granada.
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