
También es esa extensión de gente querida con la que compartimos el hogar y que, por las urgencias de la vida, en demasiadas ocasiones ignoramos. ¿Podemos permitirnos el lujo de vivir lentos?
Y no olvidemos el paisaje interior, ese que precisa de quietud y estima; es una lectura obligatoria sin la cual falseamos el resto de los relatos.
Son tiempos para disfrutar de miradas tranquilas enmarcadas por todas nuestras ventanas. ¡Asómate!
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