miércoles, 10 de abril de 2024

En la Ermita de Padules

Hoy hemos caminado en busca de un lugar realmente mágico, el barranco de Lastonares y el antiguo poblado de Padules. Y allí nos hemos acercado a su pequeña ermita, un entorno realmente evocador.

Salimos del pequeño pueblo de Tocón de Quentar. A nuestra derecha el arroyo Tocón con un caudal generoso y cantarín.

Comenzamos a atravesar el pueblo, siempre acompañados del sonido del agua. Dejamos atrás la antigua central eléctrica de San José e iniciamos la vereda que nos conduciría hasta el Collado del Alguacil, es el llamado camino de los Agustinos. Estos veinticuatro kilómetros de pista hasta las trincheras del Calar de Güejar fueron parte de los trabajos de los presos vascos, los gudaris, tras la guerra civil.

El camino siempre va ascendiendo en moderada pendiente.  Cruzamos el arroyo, dejándolo ahora a nuestra izquierda. A ese lado dejamos también las veredas que partirían para el Barranco de Linarejos y el poblado de los Agustinos. El camino ahora se llama de Las Ramillas. Las vacas pastan tranquilas al tiempo que alimentan a sus becerros. Los cerezos en flor.

Seguimos caminando con el Zujeiro a la derecha y el calar de Güéjar con una línea de nieve al fondo. Cuando llevamos recorridos unos seis o siete kilómetros, tomamos una veredilla a la derecha, dejando la pista.

Pasando por unos preciosos prados llenos de juncos y delimitados por monte de mejoranas, nos vamos adentrando en el Barranco de Lastonares. Vamos bajando hacia Padules, tomando una vereda trazada a la derecha del barranco. 

Tras este tramo costoso, llegamos a las ruinas del la aldea de Padules. Las casas de piedras y palos van integrándose poco a poco en la ladera de la montaña, mimetizándose. El lugar es sobrecogedor. En la ladera frontera el nuevo poblado de Padules. Unos metros más abajo encontramos la pequeña Ermita de Padules, blanca de cal, el único lugar que no se desmorona ante el abandono. Está dedicada a la Virgen del Roció. 

Abandonamos este lugar, pero ahora retornamos por el lado contrario del barranco, una vereda más transitable.

Ya solo queda desandar nuestros pasos hasta Tocón para completar una ruta de 16 kilómetros y 500 metros de desnivel acumulado. 


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