

Y siguiendo los pasos de los matutes que habitaron estos parajes, atravesamos la vega para llegar a la Turbera Agia, donde los negros montones de turba contrastaban con la blancura de la sierra.
Y siguiendo el trazado de las madres, sorprendidos por el tamaño de las coles que crecen en esta fertil tierra, llegamos al Río Viejo y a la Fuente del Mál Nombre. Recordamos la cara de espanto de aquel sacerdote que, tras aliviar su sed en esta fuente, preguntó a una lavandera el nombre de aquel manantial. Entre risas le dijo: "Aquí la conocemos como la fuente del coño, señor cura". Y aquel hombre, con la sotana al viento y tapándole las orejas al burro que le acompañaba, se marchó relatando "¡Que mal nombre, que mal nombre!"
Siguiendo el camino de los molinos y tras buscar las huellas de los carros del camino íbero-romano, llegamos de nuevo la pueblo del Padul.
No hay comentarios:
Publicar un comentario