sábado, 27 de abril de 2024

La ermita de las ruinas de la aldea de Padules

Caminamos en busca de un lugar realmente mágico, el Barranco de Lastonares y el antiguo poblado de Padules. Y allí nos acercamos a su pequeña ermita. Salimos del pequeño pueblo de Tocón de Quentar. A nuestra derecha el arroyo Tocón.

Comenzamos a atravesar el pueblo, siempre acompañados del sonido del agua. Dejamos atrás la antigua central eléctrica de San José e iniciamos la vereda que nos conduciría hasta el Collado del Alguacil. El camino siempre va ascendiendo en moderada pendiente.  Cruzamos el arroyo, dejándolo ahora a nuestra izquierda. A ese lado dejamos también las veredas que partirían para el Barranco de Linarejos y el poblado de los Agustinos.

Seguimos caminando con el collado del Carcajal al fondo y cuando llevamos recorridos unos seis o siete kilómetros, tomamos una veredilla a la derecha, dejando la pista. Pasando por unos preciosos prados llenos de juncos y delimitados por monte de mejoranas, nos vamos adentrando en el Barranco de Lastonares. Vamos bajando hacia Padules, tomando una húmeda vereda trazada a la izquierda del barranco. 

Llegamos al antiguo pueblo de Padules. Las casas de piedras y palos van integrandose poco a poco en el paisaje de la ladera de la montaña, mimetizándose con él. El lugar es sobrecogedor. En la ladera frontera el nuevo poblado de Padules. Unos metros más abajo encontramos la pequeña Ermita de Padules. Está dedicada a la Virgen del Roció. Bajo la ladera el Río Padules.

Abandonamos este lugar. Ya solo queda desandar nuestros pasos hasta Tocón, pero esta vez bajo la lluvia. Completamos así una ruta de 15,5 kilómetros y 450 metros de desnivel acumulados. Y algo que no se puede cuantificar, la belleza de la primavera. 



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