miércoles, 10 de enero de 2024

El Peñón de los Moros

Esta ruta nos guía por el entorno del pueblo de Dúrcal. Nos acercamos a dos puntos muy significativos de esta localidad: los Baños de Urquízar y el Peñón de los Moros.

Comenzamos a caminar en la Ermita de San Blas que fue construida a finales del S. XVIII a las afueras del pueblo en el Camino Real que desde Granada conducía hacia la Alpujarra. En ella encontramos al patrono de Dúrcal, San Blas y al de los agricultores, San Isidro.

Comenzamos a bajar por la Camino Pensamiento. Nos va alejando del pueblo; las casas van siendo sustituidas por huertos, nogales, olivos, chumberas y cerezos. El murmullo de las acequias y el trino de los pájaros nos acompañan. Al fondo ya vemos el Peñón de los Moros, como una seta petrificada en lo alto de un monte.

Pasamos bajo la autovía y, tras un par de requiebros del camino siempre en descenso, aparece al fondo el pueblo de Conchar. A la izquierda el profundo Barranco del Baño.

Nos desviamos para bajar a los Baños Grandes o de Vacamía. Los encontramos pegados a la ladera, rodeados de chopos. Tras meter las manos en las templadas aguas, bajamos hacia los Baños Chicos por una bonita vereda que nos acerca al río Dúrcal.

Llegamos a los Baños de Urquízar. En los puntos de las rocas donde chorrea el agua se producen fosilizaciones calcáreas blandas en las que crece una planta característica de estas zonas, el culantrillo de pozo, un indicador claro de umbría y calidad de las aguas.

El agua viene de la sierra de Nigüelas que, a su vez, la recoge de los cauces subterráneos de Sierra Nevada procedente del deshielo. La cualidad termal (25 grados), indica que antes de aflorar ha tenido que pasar por capas del subsuelo situadas en cotas muy profundas, a más de 2.000 metros bajo el nivel del mar, para después ascender de forma rápida hasta encontrar el lugar por donde emergen tras un viaje de unos 30 años.

Comenzamos a ascender por una vereda estrecha y empinada. Pronto llegamos a un cruce; a la izquierda nos llevaría a Cozvijar, por lo que nosotros seguimos subiendo hacia la derecha. Por una senda muy bonita donde conviven los espartos con algunas aromáticas, seguimos subiendo. Vemos la cascada donde el Arroyo de la Alcázar le regala su agua al río Dúrcal, así como las atalayas de Conchar y del Marchal.

En lo alto del cerro encontramos unos bancales con almendros. Lo vamos bordeando hasta encontrarnos en el Peñón de los Moros (794 metros de altitud). Nos acercamos al aljibe, a los restos de las murallas y al torreón. Se trata de fortín con aljibe, torre y pasadizo que desciende hasta el río, posiblemente de época nazarí por la cerámica allí encontrada. Esta fortaleza dominaba una vasta extensión del Valle de Lecrín y el paso medio del río Dúrcal.

Esta construcción fue una de las destruidas durante los primeros años de la conquista cristiana, quedando de ese modo relegada de los acontecimientos que ocurrieron en décadas posteriores y perdiendo su valor militar.

Los restos de la torre, que se muestra como una seta de piedra, se conservan gracias a que ha sido recalzado su núcleo central, con ladrillo enfoscado de cemento, ya que se encontraba completamente socavado por las cuatro caras, quedando el tapial en voladizo por todos sus lados. El estado general de conservación de este lugar tan emblemático en la memoria colectiva de los durqueños es lamentable y carece de declaración específica.

Después de reponer fuerzas, descendemos hacia Dúrcal bordeando el cerro hasta llegar al Camino Pensamiento. De camino a esta localidad nos desviamos a la izquierda por una vereda que asciende paralela a una acequia.


Llegamos hasta la Fuente que Alfonso Puerta Calvente, hijo de Dúrcal y farmacéutico prestigioso, hizo en honor a los trabajadores del pueblo en 1933. Fue asesinado por los fascistas al comienzo de la Guerra Civil. Finalizamos así una preciosa ruta de 8 kilómetros y 225 metros de desnivel positivo acumulado. 

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